Cuando Boyan Slat se sumergió por primera vez en aguas griegas siendo adolescente, no encontró el paisaje marino con el que muchos sueñan. En lugar de peces vio botellas, bolsas y restos de plástico flotando por todas partes, una escena tan repetida que lo llevó a hacerse una pregunta incómoda: por qué éramos capaces de enviar cohetes al espacio, pero no de limpiar nuestros propios océanos.
Esa experiencia, que para otros habría quedado en una anécdota de vacaciones, se convirtió en el detonante de una de las iniciativas de limpieza marina más ambiciosas del mundo. A los 16 años, el joven neerlandés decidió que dedicaría su vida a enfrentar el problema del plástico en el mar y comenzó a diseñar una solución que muchos expertos consideraban irreal o simplemente imposible.
De esa determinación nació The Ocean Cleanup, una organización que Boyan fundó en 2013 con el objetivo declarado de eliminar la mayor parte del plástico flotante en los océanos mediante tecnología específicamente diseñada para trabajar con las corrientes marinas y no contra ellas.
La idea central era tan simple como radical: en vez de recorrer el océano con barcos y redes, se instalarían sistemas pasivos que aprovecharan el movimiento natural del agua para concentrar los residuos. Así surgió el primer concepto de largas barreras flotantes que funcionan como costas artificiales, capaces de retener el plástico en superficie mientras la fauna marina pasa por debajo sin quedar atrapada. Con el tiempo, esos prototipos iniciales evolucionaron hasta sistemas como el denominado System 001 y, más tarde, versiones más avanzadas desplegadas directamente en la Gran Mancha de Basura del Pacífico.
La tecnología desarrollada por The Ocean Cleanup se basa en estructuras en forma de U o de V que se desplazan lentamente guiadas por embarcaciones o ancladas según el modelo, creando un perímetro donde las corrientes empujan los desechos hacia un punto de acumulación. Allí el plástico se concentra hasta niveles que permiten su recogida masiva con equipos auxiliares y su posterior transporte a tierra, donde es clasificado y enviado a reciclaje o valorización para evitar que vuelva al mismo ciclo de contaminación.
Los responsables del proyecto han calculado que un solo sistema de unos cien kilómetros de longitud podría retirar en una década alrededor de la mitad de la basura plástica de la gran mancha del Pacífico Norte, millones de kilos que de otra forma seguirían fragmentándose en microplásticos imposibles de recuperar. Esta estrategia, destacan, resulta mucho más eficiente en tiempo y coste que los métodos tradicionales basados en flotas de barcos, que tardarían siglos en lograr resultados comparables
Con los años, el plan de Boyan dejó de centrarse únicamente en alta mar y se amplió hacia la prevención en origen, una pieza clave para que la limpieza tenga efectos duraderos. The Ocean Cleanup comenzó a desplegar interceptores en ríos altamente contaminados del mundo, embarcaciones autónomas alimentadas por energía solar que capturan residuos flotantes antes de que estos lleguen al océano.
Estos sistemas trabajan de forma continua, canalizando la basura hacia cintas transportadoras y contenedores para su posterior gestión, lo que permite cortar una de las principales vías de entrada de plástico a los mares. De esta manera, el proyecto combina la retirada de la enorme cantidad de residuos ya acumulados en el Pacífico con una barrera activa contra la contaminación futura, configurando una estrategia de doble frente que refuerza sus resultados año tras año.
Los datos acumulados en la última década muestran que aquella idea adolescente ya no es una promesa sino una operación real que está cambiando el paisaje de zonas concretas del océano. Informes recientes atribuyen a la combinación de sistemas en alta mar e interceptores fluviales la retirada de decenas de millones de kilos de plástico de ríos y zonas oceánicas, con un aumento notable del volumen recogido solo en los últimos años gracias a mejoras constantes en el diseño y en la logística.
Aunque los científicos recuerdan que la crisis del plástico exige también reducir drásticamente su producción y consumo, la experiencia de The Ocean Cleanup ha demostrado que tecnologías bien pensadas pueden acelerar la recuperación de áreas que se daban por perdidas. En ese sentido, la historia de Boyan Slat funciona como recordatorio de que los grandes desafíos ambientales no son sinónimo de resignación, sino un terreno donde la innovación y la perseverancia, incluso cuando nacen a los 16 años, pueden generar cambios medibles en el planeta.