NASA advierte sobre asteroides, pero descarta choque inminente con la Tierra


En los últimos días, titulares alarmantes sobre un supuesto impacto de asteroide contra la Tierra han encendido la preocupación en redes sociales y medios digitales, obligando a la NASA y a expertos en defensa planetaria a matizar el escenario real.

Lejos de una colisión inminente, los científicos subrayan que, aunque se vigilan de cerca varios objetos cercanos a la Tierra, ninguno de los actualmente monitoreados representa una amenaza directa para el planeta en el corto plazo.

La inquietud coincide con el reciente paso de varios asteroides de pequeño y mediano tamaño, algunos comparables a un automóvil o a un avión, que han sobrevolado la Tierra a distancias consideradas seguras por los astrónomos. Uno de ellos, identificado como 2026 CR2, del tamaño de un coche, pasó a millones de kilómetros de nuestro planeta, mientras otros cuerpos algo mayores, como 2026 CU y 2026 CA2, se aproximaron sin cruzar una zona de riesgo real. Aunque estas cifras pueden parecer estrechas a escala humana, en términos astronómicos siguen siendo márgenes amplios que descartan un impacto.

En paralelo, la atención pública también se ha centrado en asteroides de mayor tamaño catalogados como potencialmente peligrosos, es decir, cuya órbita puede acercarse a menos de 4.6 millones de millas de la trayectoria terrestre alrededor del Sol. Un ejemplo es el asteroide 162882 (2001 FD58), de entre 470 y 1,000 metros de diámetro, que realizó una aproximación relativamente cercana a mediados de febrero de 2026. Aun así, su paso se produjo a unos 6.5 millones de kilómetros, alrededor de 17 veces la distancia entre la Tierra y la Luna, una separación que los especialistas consideran completamente segura.

Más que una amenaza inmediata, estos acercamientos representan una oportunidad científica para afinar los modelos orbitales y mejorar los sistemas de detección de objetos cercanos a la Tierra. La NASA y otros observatorios han reconocido que, aunque se ha avanzado notablemente, todavía existen miles de asteroides medianos sin descubrir que podrían causar daños a escala urbana si impactaran, lo que impulsa misiones específicas como telescopios espaciales dedicados exclusivamente a rastrear este tipo de cuerpos. La filosofía de la agencia es clara: encontrar los asteroides antes de que ellos nos encuentren, reduciendo al mínimo las sorpresas.

Uno de los casos que más titulares ha generado es el del asteroide 2024 YR4, descubierto a finales de 2024 y que llegó a registrar una probabilidad de impacto del 3.1 por ciento para diciembre de 2032, la cifra más alta reportada por la NASA para un objeto de ese tamaño. Sin embargo, observaciones posteriores permitieron refinar su trayectoria y descartar un riesgo significativo para la Tierra, hasta el punto de que algunos cálculos sitúan una posible colisión futura más cercana a la órbita de la Luna que a la superficie terrestre. Este ejemplo ilustra cómo las primeras estimaciones tienden a ser corregidas conforme se obtiene más información, reduciendo la incertidumbre inicial.

La conclusión de los expertos es que no existe en este momento un asteroide con trayectoria confirmada de impacto contra la Tierra en los próximos años, aunque el riesgo nunca puede considerarse nulo a largo plazo. Por ello, los programas de defensa planetaria continúan expandiéndose, con catálogos públicos de próximos acercamientos y esfuerzos internacionales de vigilancia continua. Frente a los mensajes alarmistas que circulan en internet, la recomendación de los científicos es atender a la información oficial y contextualizada, que hoy por hoy habla de un cielo vigilado, de acercamientos frecuentes, pero de ningún choque anunciado.