En las últimas semanas, la palabra therian se ha instalado con fuerza en TikTok e Instagram, donde abundan videos de jóvenes que se mueven a cuatro patas, usan máscaras, colas y orejas de animales, y aseguran sentirse más identificados con un lobo, un perro o un gato que con la idea tradicional de ser humano.
Lejos de ser un simple disfraz o un reto pasajero, este fenómeno ha encendido un debate sobre nuevas formas de identidad, la influencia de las redes sociales en los adolescentes y los límites de la convivencia en espacios públicos.
El término therian se utiliza para describir a personas que dicen experimentar una identificación interna, profunda e involuntaria con un animal real, al que llaman su teriotipo o theriotype, ya sea a nivel psicológico, emocional o espiritual. A diferencia de la cultura furry, centrada en el juego de roles y en trajes antropomorfos, quienes se consideran therian subrayan que no se trata de entretenimiento, sino de una vivencia identitaria que convive con el reconocimiento de que su cuerpo es humano.
Algunos explican que esta conexión se manifiesta en sueños recurrentes, sensaciones corporales específicas o la necesidad de adoptar comportamientos asociados al animal con el que se sienten vinculados.
Aunque para muchos usuarios se trata de una novedad recién llegada al algoritmo, la comunidad therian tiene antecedentes en foros y listas de correo desde finales de los años noventa, cuando comenzó a articularse como subcultura en los primeros rincones de internet. Durante años se mantuvo casi invisible fuera de esos espacios especializados, pero la expansión del video corto y la cultura participativa en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube disparó su visibilidad y la convirtió en tendencia global entre adolescentes y jóvenes de distintos países.
@aztecanoticias ¿Sabías que hay #personas que se identifican espiritualmente con #animales? 🐺🦅🐆 Se hacen llamar #Therian ♬ sonido original – Azteca Noticias
El salto a la popularidad llegó de la mano de clips que muestran prácticas conocidas como quadrobics, en las que los participantes corren, saltan o se desplazan a cuatro patas imitando los movimientos del animal con el que se identifican, a menudo en parques o plazas.
El impacto visual de estas escenas, sumado al uso de máscaras, colas y otros accesorios, las hizo especialmente atractivas para los algoritmos que priorizan contenidos sorprendentes y emocionales, generando millones de reproducciones y reacciones en cuestión de días.
La masificación del contenido, sin embargo, también ha traído polémica. Medios de varios países han documentado desde encuentros públicos de grupos therian hasta casos que encendieron la alarma, como el reporte de un joven que habría mordido a una niña en Buenos Aires o denuncias por comportamientos considerados invasivos en espacios compartidos. Estas situaciones alimentan críticas que van desde el cuestionamiento sobre la salud mental de los participantes hasta discusiones sobre el derecho a la autoexpresión frente a la seguridad y la incomodidad de terceros, especialmente cuando hay menores involucrados
Especialistas citados por distintos medios coinciden en que el auge therian no puede entenderse sin el contexto de una generación que explora identidades de forma más abierta y visible, usando internet como principal escenario. Para algunos jóvenes, la comunidad ofrece pertenencia y apoyo en un entorno donde se sienten incomprendidos, mientras que para buena parte de la audiencia sigue siendo un fenómeno desconcertante que oscila entre la curiosidad, la burla y la preocupación.
En todo caso, la discusión en TikTok e Instagram deja en evidencia cómo las plataformas digitales siguen moldeando la conversación pública sobre identidad, diversidad y los nuevos códigos culturales de la era conectada.