Así es como Dubái está sembrando nubes en el desierto para hacer llover


En uno de los lugares más secos del planeta, Dubái se ha propuesto cambiar las reglas del juego del clima mediante un ambicioso programa de siembra de nubes que busca aumentar la lluvia en pleno desierto.

La estrategia, liderada por el Centro Nacional de Meteorología de Emiratos Árabes Unidos, combina aviones, sales especiales, modelos numéricos avanzados, inteligencia artificial y drones para exprimir cada gota de humedad de las pocas nubes que cruzan sus cielos, con el objetivo de incrementar las precipitaciones entre un diez y un veinticinco por ciento en un país que recibe menos de cien milímetros de lluvia al año.

El proceso arranca mucho antes de que caiga la primera gota, con equipos de meteorólogos que vigilan la atmósfera las veinticuatro horas mediante radares meteorológicos, estaciones en tierra, satélites y una red de cámaras en distintos puntos del país. Cuando identifican nubes de tipo cúmulo con suficiente humedad y condiciones favorables, se activan aviones equipados con bengalas que contienen cristales de sal mezclados con compuestos como cloruro de sodio, cloruro de potasio y magnesio, diseñados para actuar como núcleos de condensación dentro de la nube y acelerar la formación de gotas de lluvia lo bastante grandes como para no evaporarse antes de tocar el suelo.

En los últimos años, Emiratos ha ido más allá de las técnicas tradicionales y ha incorporado tecnologías experimentales que han convertido a Dubái en un laboratorio a cielo abierto de modificación del tiempo. Drones especialmente diseñados se utilizan para introducir cargas eléctricas en las nubes, o incluso descargar pulsos sobre ellas, lo que favorece que las gotas se agrupen y crezcan, un enfoque probado en colaboración con universidades europeas para lograr lluvias más intensas en un ambiente extremadamente cálido donde las gotas pequeñas suelen desaparecer en el aire.

Paralelamente, el país ha financiado proyectos internacionales de investigación en mejora de la lluvia y ensaya modelos que simulan con gran detalle los procesos físicos y químicos dentro de las nubes para decidir cuándo, dónde y cómo sembrarlas con la máxima eficiencia.

La apuesta por hacer llover en el desierto está directamente vinculada a los desafíos de seguridad hídrica que afronta la región, marcada por un crecimiento urbano acelerado, escasas fuentes naturales de agua dulce y una dependencia muy alta de plantas desalinizadoras y del reciclaje de aguas.

Las autoridades ven en la siembra de nubes un complemento relativamente económico y menos intensivo en energía frente a la desalinización, en un contexto de temperaturas extremas que en algunos puntos de Emiratos superan con facilidad los cuarenta y cinco grados, lo que vuelve crítica cualquier fuente adicional de agua para consumo, agricultura y mitigación del calor.

Sin embargo, el programa no está exento de polémica ni de malentendidos, como se evidenció tras los episodios de lluvias torrenciales e inundaciones registrados recientemente en Dubái, que llevaron a parte de la opinión pública a atribuir el fenómeno exclusivamente a la intervención humana.

Meteorólogos y expertos recuerdan que la siembra de nubes no crea tormentas de la nada y solo puede potenciar sistemas ya existentes, por lo que fenómenos extremos relacionados con patrones atmosféricos de gran escala no pueden explicarse únicamente por estas operaciones, aunque sí reavivan el debate sobre los posibles efectos colaterales de modificar el clima en una región tan vulnerable al cambio climático.