Elon Musk volvió a mover el tablero de la exploración espacial al anunciar que SpaceX priorizará la construcción de una ciudad autosustentable en la Luna antes de levantar una colonia en Marte, el destino que durante años presentó como su gran objetivo.
El magnate explicó que la nueva hoja de ruta responde, sobre todo, a motivos de tiempo y viabilidad: considera que una urbe lunar podría ser una realidad en menos de una década, mientras que un asentamiento marciano exigiría al menos el doble de plazo. Pese al cambio de enfoque, insistió en que la misión de fondo de SpaceX no se modifica y sigue siendo asegurar el futuro de la civilización extendiendo la vida humana más allá de la Tierra.
Musk detalló que la Luna ofrece ventajas logísticas decisivas frente a Marte, empezando por la frecuencia de lanzamiento. Mientras las ventanas para viajar al planeta rojo se abren aproximadamente cada veintiséis meses por las alineaciones planetarias, con trayectos que rondan los seis meses, las misiones lunares pueden despegar cada ciertos días y completar el viaje en apenas dos jornadas. Esa diferencia permitiría un ciclo mucho más rápido de pruebas, errores y mejoras en naves, infraestructura y sistemas de soporte vital, lo que se traduce en una iteración acelerada para construir lo que Musk describe como una ciudad “autocreciente” en la superficie lunar.
El plan no se limita a declaraciones grandilocuentes, sino que ya se apoya en metas concretas. SpaceX ha comunicado a inversores que pretende realizar un alunizaje no tripulado alrededor de marzo de 2027, un hito que funcionaría como banco de pruebas para tecnologías clave de aterrizaje, energía, habitabilidad y uso de recursos in situ. Sobre esa base, la compañía proyecta escalar hacia una presencia humana permanente con instalaciones capaces de generar su propio crecimiento, desde módulos habitacionales y plantas de energía hasta sistemas de reciclaje y producción local de materiales.
La apuesta por la Luna también se enmarca en un contexto geopolítico cada vez más competitivo, con Estados Unidos y China acelerando sus programas para establecer bases lunares de largo plazo. Para Musk, adelantarse en la creación de una ciudad en el satélite natural no solo significaría un salto tecnológico, sino también un seguro estratégico para la supervivencia humana ante eventuales crisis globales en la Tierra. En ese sentido, la Luna aparece como el escalón intermedio para ensayar la vida fuera del planeta, desarrollar tecnologías de autonomía y validar modelos de gobernanza y economía espacial que, más adelante, podrían trasladarse a Marte.
Aunque el foco inmediato se desplaza hacia el programa lunar, SpaceX no da por enterrado el sueño marciano. Musk sostiene que el trabajo para levantar una ciudad en Marte comenzaría en un horizonte de cinco a siete años, aunque la construcción de un asentamiento plenamente funcional podría tomar dos décadas o más. La diferencia es que, a partir de ahora, la compañía concibe la Luna como la plataforma de lanzamiento para ese objetivo mayor: una especie de laboratorio a escala real donde se pondrá a prueba si la humanidad está realmente preparada para convertirse en una especie multiplanetaria.