La historia de Pablo, un argentino de 42 años, ha generado sorpresa y debate luego de conocerse que decidió dejar a su esposa e hijos para mudarse a Tulum, México, y vivir como un therian, es decir, una persona que se identifica espiritualmente o psicológicamente como un animal no humano.
Su caso se volvió viral después de que el creador de contenido Carlos Name difundiera en TikTok fragmentos de su día a día, donde se le ve adoptando la identidad de un perro de raza dálmata en su rutina doméstica. La tendencia therian, que ha tomado fuerza en comunidades en línea, suele ser descrita como una forma de identidad profunda más que un simple disfraz o afición pasajera, algo que ha despertado tanto curiosidad como rechazo en redes sociales.
Actualmente Pablo reside en Tulum, donde combina una vida laboral aparentemente convencional con momentos en los que se entrega por completo a su identidad animal. Trabaja como recepcionista en un hotel, y durante su jornada mantiene una apariencia humana sin caracterizaciones visibles, según relató la persona que actúa como su cuidadora. Sin embargo, una vez termina el turno y regresa a casa, retoma su rol de perro dálmata: utiliza accesorios, se desplaza en cuatro patas y replica comportamientos asociados a ese animal, algo que, de acuerdo con su círculo cercano, le brinda una sensación de control frente a la soledad, la ansiedad y el estrés.
La vida diaria de este hombre therian no se limita a la performance en redes; también depende del apoyo económico y emocional de una comunidad que sigue su historia. Además de su salario, recibe donaciones a través de una campaña en GoFundMe, así como obsequios en especie como croquetas y una cama para perro adulto, insumos que utiliza tanto para recrear su identidad animal como para atender necesidades básicas.
En uno de los reportes se menciona que una donación de 150 dólares fue destinada a la compra de medicamentos y a una próxima consulta veterinaria, un detalle que refuerza la forma en que él y su entorno han trasladado lógicas del cuidado animal a un cuerpo humano.
El fenómeno therian, del que Pablo se ha convertido en uno de los rostros más comentados en América Latina, suele vincularse con personas que aseguran sentir una conexión íntima con un animal específico, a veces acompañada de experiencias conocidas como shifts, donde dicen percibir colas o extremidades inexistentes o experimentar impulsos más instintivos. A diferencia de los furries, que se identifican más con una comunidad creativa y estética, los therians describen su vivencia como una cuestión de identidad interna, una forma de verse a sí mismos que no necesariamente implica cambios físicos permanentes, sino una reinterpretación de su vida cotidiana y de su lugar en la sociedad.
En el caso de Pablo, su historia concentra varias de las tensiones que rodean esta tendencia: el impacto en su familia, el cuestionamiento social y el papel amplificador de las plataformas digitales. Mientras algunos ven en su decisión un abandono incomprensible de responsabilidades familiares, otros lo interpretan como una expresión extrema de búsqueda de autenticidad en un contexto donde las nuevas identidades se construyen y se consumen en tiempo real en internet.
El propio argentino deja abierta la posibilidad de cambiar en el futuro su “teriotipo”, pues aunque hoy se percibe como perro dálmata, no descarta que algún día pueda identificarse como un ave migrante, lo que plantea nuevas preguntas sobre hasta dónde pueden llegar estas formas de autoidentificación y cómo impactan las relaciones personales y la convivencia diaria.