En las últimas semanas, el nombre de Cumbres borrascosas reapareció con fuerza en conversaciones, redes sociales y medios, impulsado por una nueva adaptación cinematográfica que vuelve a poner en el centro la única novela de Emily Brontë, publicada originalmente en 1847.
La cinta, dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, llega con la promesa de una mirada provocadora sobre la tormentosa relación entre Catherine Earnshaw y Heathcliff, y reactiva el debate sobre cómo se debe adaptar un clásico que ya generó escándalo en la Inglaterra victoriana por su crudeza emocional y moral.
Esta obra siempre ha llamado la atención por su mezcla de amor, odio y venganza en un paisaje tan agreste como sus personajes, los páramos de Yorkshire, donde se desarrolla la historia de Heathcliff, un niño adoptado de origen desconocido, y Catherine, su amor imposible. A través de generaciones, la novela muestra cómo la obsesión, el rencor y las jerarquías sociales pueden moldear destinos enteros y destruir familias, alejándose del modelo de romance idealizado que muchos lectores esperan encontrar al abrir un clásico del siglo XIX.
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El renovado interés también se explica por la larga tradición de versiones audiovisuales que arrastra el libro, desde el cine clásico de Hollywood hasta las miniseries de la BBC, pasando por adaptaciones libres como Abismos de pasión de Luis Buñuel, ambientada en el campo mexicano. Cada nueva versión reabre la discusión sobre qué tan fiel hay que ser al tono oscuro y violento del original, y si es legítimo suavizar la historia para hacerla más digerible al público contemporáneo o si eso traiciona el espíritu de Brontë.
En el caso de la película más reciente, el foco de la conversación está en un aparente giro hacia una estética más sensual y estilizada, cercana al drama pasional moderno, que ha generado críticas entre lectores y especialistas que temen ver reducida una trama compleja a una simple historia de amor.
Los avances han mostrado una ambientación menos áspera que la del páramo inhóspito que atraviesa el libro, y ese cambio visual alimenta la percepción de que se está transformando una narración de violencia emocional y social en un romance gótico atractivo, pero más amable.
Las redes sociales amplifican esta polémica: fragmentos del tráiler, hilos de análisis literario, memes y comparaciones con otras adaptaciones se mezclan en plataformas como TikTok y X, donde se discute desde la química de los protagonistas hasta la representación de una relación que hoy se describiría como abiertamente tóxica. En ese espacio, conviven quienes celebran la oportunidad de acercar el clásico a nuevas generaciones con quienes señalan que erotizar en exceso el vínculo entre Catherine y Heathcliff podría diluir la dimensión destructiva y moralmente incómoda que hizo de la novela una obra revolucionaria.
Al final, todos están hablando de Cumbres borrascosas porque la historia sigue tocando fibras sensibles: el amor que se confunde con posesión, la violencia que se normaliza en nombre de la pasión y las estructuras sociales que condicionan la vida de los personajes resuenan con debates actuales sobre relaciones tóxicas, clase y poder.
La nueva película no solo rescata un clásico, sino que obliga a revisitar qué es exactamente lo que se está adaptando: si un relato romántico para consumir con palomitas o un retrato incómodo de hasta dónde puede llegar el ser humano cuando el deseo y el resentimiento se desbordan.