En los últimos años la soltería dejó de verse como un estado pasajero o un fracaso amoroso y empezó a asumirse como una forma de vida legítima, con fechas propias y rituales de celebración en el calendario social y comercial.
Cada vez más personas, especialmente jóvenes, hablan de estar solteras como una elección consciente vinculada al bienestar personal, la libertad y la posibilidad de definir sus propios tiempos, lejos de la idea de que la felicidad depende obligatoriamente de una relación de pareja estable.
Las efemérides dedicadas a quienes no tienen pareja se han multiplicado y han ganado visibilidad en distintos países, en parte como respuesta al protagonismo del Día de San Valentín. En México, por ejemplo, el llamado Día del Soltero se celebra el 13 de febrero como antesala alternativa al 14 de febrero, con un énfasis en el amor propio y el cuidado personal más que en el romance.
En otras regiones existen variantes como el Single Awareness Day, que se conmemora el 15 de febrero en Estados Unidos, Inglaterra y Canadá, reforzando la idea de que también la soltería merece un espacio simbólico propio.
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El fenómeno no se limita a América, ya que la primera celebración masiva de la soltería surgió en China en la década de los noventa, cuando estudiantes de la Universidad de Nankín eligieron el 11 de noviembre como el Día del Soltero, una fecha que después se transformaría en el mayor evento de compras en línea del mundo. Con el tiempo, esa conmemoración se expandió a otros países y ayudó a consolidar la narrativa de que estar solo puede ser motivo de orgullo, consumo y celebración, no de vergüenza o lástima.
Detrás de esta nueva visibilidad hay cambios culturales profundos vinculados a la autonomía individual y al cuestionamiento de los modelos tradicionales de pareja. Estudios recientes señalan que en sociedades más individualistas se percibe una mayor libertad para decidir si se quiere o no una relación a largo plazo, lo que se traduce en tasas más altas de personas que permanecen solteras por más tiempo o de manera permanente.
En paralelo, análisis sociológicos y de mercado describen el ser single como un estilo de vida con identidad propia, asociado al desarrollo profesional, a la independencia económica y a un consumo orientado al disfrute personal, desde viajes hasta experiencias gastronómicas o de entretenimiento
Las mujeres ocupan un lugar central en este giro, al romper con viejas normas que las vinculaban casi exclusivamente al matrimonio, la maternidad y la vida doméstica. Informes de tendencias señalan que muchas priorizan hoy su bienestar emocional, sus proyectos laborales y sus redes de amistad, y que conciben la soltería como un espacio para explorar su deseo, su sexualidad y su autonomía sin la presión de tener que encajar en un modelo de pareja tradicional.
En América Latina este cambio convive todavía con mandatos familiares fuertes, pero se observa una creciente comunidad de solteros y solteras que busca transformar el relato social en torno al amor y la compañía.
Este nuevo protagonismo de la soltería también se alimenta de la tecnología, las redes sociales y las aplicaciones de citas, que reconfiguraron la forma de relacionarse. La posibilidad de conocer a muchas personas, de entrar y salir de vínculos con mayor rapidez y de mantener círculos afectivos diversos hace que para muchos la pareja estable deje de ser el único horizonte posible.
Al mismo tiempo, la industria del entretenimiento, la publicidad y el comercio detectaron en los solteros un público con alto potencial de consumo, reforzando la idea de que celebrarse a uno mismo, comprarse regalos o planear actividades en solitario es una práctica válida y cada vez más normalizada en el imaginario contemporáneo.
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