Diversas investigaciones científicas han comenzado a señalar que el simple hábito de ducharse antes de dormir podría tener efectos positivos en la salud y, potencialmente, estar vinculado con una mayor esperanza de vida.
Más allá de la sensación de limpieza o relajación, bañarse por la noche influye directamente en el ritmo circadiano, ayudando al cuerpo a prepararse para un descanso más profundo y reparador, un factor clave en la prevención de enfermedades crónicas y el mantenimiento general del bienestar.
Los especialistas explican que el agua tibia, en particular, produce un ligero descenso de la temperatura corporal una vez que la persona sale de la ducha. Este cambio térmico envía señales al cerebro de que es hora de dormir, facilitando un sueño más profundo y continuo. Dormir bien no solo mejora el estado de ánimo y la memoria, sino que se asocia con un mejor funcionamiento del sistema inmunológico, regulación hormonal adecuada y una menor incidencia de trastornos metabólicos como la obesidad o la diabetes.
Además, ducharse antes de acostarse también puede ayudar a eliminar las bacterias y contaminantes acumulados durante el día, lo que beneficia la salud de la piel y reduce el riesgo de infecciones cutáneas. En entornos urbanos donde la exposición a la contaminación es constante, este simple gesto se convierte en una rutina de higiene preventiva que favorece la salud respiratoria y dérmica a largo plazo.
El baño nocturno también cumple una función emocional: el agua actúa como un estímulo relajante que reduce el estrés y la tensión muscular, mejorando así la calidad del descanso mental. A medida que el estrés crónico se consolida como uno de los principales factores de riesgo en la vida moderna, incorporar este hábito podría ser una manera sencilla y accesible de proteger la salud integral.
Aunque los expertos advierten que no se trata de una fórmula mágica ni de un único factor determinante para vivir más, coinciden en que las rutinas nocturnas centradas en el autocuidado, como ducharse antes de dormir, contribuyen a un estilo de vida equilibrado. Dormir bien, alimentarse de forma saludable y mantener hábitos de higiene adecuados siguen siendo los pilares de una vida más larga y de mejor calidad.
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