Cepillarse los dientes antes de dormir se ha convertido en un ritual incuestionable para millones de personas, recomendado por odontólogos como el cepillado más importante del día debido a que por la noche baja la producción de saliva y las bacterias tienen vía libre para atacar el esmalte dental. Sin embargo, detrás de este hábito supuestamente intocable se esconden errores frecuentes que pueden terminar dañando la sonrisa que intentas proteger, desde hacerlo con demasiada fuerza hasta elegir mal el momento o el tipo de cepillo.
Durante el sueño, la boca se seca, la saliva deja de cumplir su función antibacteriana y la placa acumulada a lo largo del día se vuelve más agresiva, por lo que no cepillarse en la noche aumenta el riesgo de caries, gingivitis y periodontitis, además de mal aliento persistente. Los especialistas explican que esa menor producción de saliva altera la regulación natural del pH, facilita la acción de los ácidos producidos por las bacterias y favorece la desmineralización del esmalte, generando daños que muchas veces pasan desapercibidos hasta que aparecen dolor o sensibilidad. Por eso, el consenso es claro: saltarse el cepillado nocturno no es una simple omisión, sino una puerta abierta a que las bacterias trabajen sin resistencia durante horas.
Pero hacer ese cepillado no lo es todo; también importa cómo se hace. Una de las advertencias menos conocidas es que cepillarse con demasiada fuerza, especialmente por la noche, puede desgastar el esmalte dental, provocar sensibilidad y favorecer la aparición de caries, justo lo contrario de lo que se busca.
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Clínicas odontológicas señalan que el uso de cepillos de cerdas duras y movimientos bruscos contribuye al retraimiento de las encías, dejando expuestas las raíces de los dientes, lo que a largo plazo puede traducirse en dolor, cambios de color y hasta pérdida de piezas dentales. En otras palabras, convertir el cepillado nocturno en una especie de limpieza a la fuerza termina siendo un hábito silenciosamente dañino.
El momento del cepillado también marca la diferencia. Diversos especialistas en salud bucodental recomiendan realizar el cepillado después de cenar y antes de acostarse, pero con una advertencia importante: si has consumido alimentos o bebidas muy ácidas, como cítricos o refrescos, conviene esperar unos minutos antes de usar el cepillo para no frotar el esmalte reblandecido. En cambio, cuando la cena ha sido rica en azúcares o carbohidratos, la recomendación es limpiar los dientes lo antes posible, ya que estos ingredientes alimentan de manera directa a las bacterias responsables de caries y problemas de encías. Esto convierte al cepillado nocturno en una rutina que debe adaptarse a lo que comes, y no solo en un gesto automático antes de apagar la luz.
Los expertos coinciden en que un cepillado nocturno efectivo se basa más en la técnica y la constancia que en la fuerza: movimientos suaves, un cepillo de cerdas blandas, pasta dental con flúor y al menos dos minutos de duración para llegar a todas las superficies dentales.
A esto se suma el uso de hilo dental y, en algunos casos, enjuague bucal, para eliminar la placa en zonas donde el cepillo no llega, con el objetivo de irse a la cama con la menor cantidad posible de bacterias activas. Lejos de ser un simple trámite de la noche, esta rutina bien hecha puede marcar la diferencia entre una sonrisa sana a largo plazo y una boca cada vez más sensible y dañada, incluso en personas que creen estar haciendo todo bien.
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