Durante varias temporadas, las transparencias se adueñaron de pasarelas, alfombras rojas y looks urbanos. Pero la moda, siempre en movimiento, empieza a girar el volante.
En 2026, ese protagonismo se diluye para darle paso a un tejido con más carácter, historia y sofisticación: el encaje.
Lejos de ser un material del pasado, el encaje regresa con una narrativa renovada. Conserva su esencia femenina y sensual, pero ahora se presenta desde una mirada más actual, menos obvia y mucho más elegante.
Ya no se trata de mostrar piel sin filtros, sino de insinuar con intención, apostando por textura, diseño y una estética que habla de lujo discreto.
Este año, el encaje abandona los clichés románticos y se vuelve versátil, moderno e incluso urbano. Aparece en vestidos midi, faldas estructuradas y blusas pensadas para el día a día, demostrando que puede adaptarse tanto a looks casuales como a estilismos más formales. El secreto está en el equilibrio: piezas que sugieren sin revelar demasiado y elevan cualquier outfit sin esfuerzo.
La clave de su regreso está en la forma de llevarlo. El encaje se mezcla con materiales inesperados como denim, cuero o tejidos de punto, creando contrastes que funcionan de la mañana a la noche. También se suma a la tendencia de los “lujos silenciosos”, con versiones en tonos neutros o monocromáticos que dejan atrás el romanticismo clásico y apuestan por una elegancia contemporánea.
¿La regla de oro para 2026? Combinarlo con prendas de estructura impecable. Blazers de sastrería, pantalones de pinzas o faldas de líneas limpias son sus mejores aliados. Así, el encaje deja de ser el centro absoluto y se convierte en parte de un look pensado, moderno y con personalidad.
En 2026, la moda baja el volumen de las transparencias y sube el nivel del encaje. Más textura, más intención y mucha más actitud.