La generación de energía eléctrica en Guatemala enfrenta una presión adicional debido a la reducción en el aporte de las centrales hidroeléctricas, afectadas por la disminución de los niveles de agua. Esta situación ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sistema ante los fenómenos climáticos y el crecimiento sostenido de la demanda.
El aporte de las hidroeléctricas se ha reducido aproximadamente un 25%. Habitualmente, estas centrales representan más del 42% del suministro nacional durante la temporada de lluvias, por lo que la disminución en la disponibilidad de agua ha obligado a recurrir con mayor frecuencia a otras fuentes de generación.
Entre las alternativas utilizadas se encuentran las plantas térmicas que funcionan con combustibles fósiles. Sin embargo, su mayor utilización implica un incremento en los costos de operación del sistema y una mayor exposición a las variaciones de los precios internacionales de los combustibles.
El ingreso de nuevas plantas solares ha permitido compensar parcialmente la menor generación hidroeléctrica. No obstante, el crecimiento de la demanda eléctrica mantiene la presión sobre el sistema y el mercado mayorista.
La demanda nacional registra un crecimiento estimado de 5.6% anual, mientras que algunos departamentos presentan incrementos de doble dígito. Este comportamiento plantea nuevos desafíos para la capacidad de generación y transmisión, especialmente en las regiones donde el consumo aumenta con mayor rapidez.
El escenario evidencia la necesidad de fortalecer la infraestructura energética y diversificar las fuentes de generación para responder al crecimiento de la demanda y reducir la vulnerabilidad del sistema ante períodos de sequía.