En China, la industria del entretenimiento ha logrado un nuevo salto tecnológico con la llegada de las salas de cine 7D, una propuesta que combina proyección digital avanzada, efectos sensoriales y simulación de movimiento para crear una experiencia inmersiva casi indistinguible de la realidad.
Estas salas, que se expanden rápidamente en las principales ciudades del país, están transformando la manera en que el público disfruta del cine, borrando la línea entre espectador y protagonista.
Las salas 7D chinas integran tecnología de proyección holográfica, asientos con movimiento sincronizado y efectos ambientales como viento, temperatura y aromas, ajustados en tiempo real al desarrollo de la película. Los espectadores no solo observan la historia; la sienten, la huelen y la viven físicamente. En algunos complejos, incluso se utilizan sistemas de inteligencia artificial para adaptar detalles del entorno a las reacciones del público, logrando una conexión emocional inédita.
El auge de este formato ha sido impulsado por la fuerte inversión del gobierno chino en innovación tecnológica y por la competencia entre las empresas del sector audiovisual, que buscan ofrecer experiencias cada vez más espectaculares. Ciudades como Shanghái, Shenzhen y Pekín lideran esta tendencia, con complejos cinematográficos que atraen tanto a los locales como a miles de turistas curiosos por probar la llamada “inmersión total”.
En paralelo, los estudios chinos están desarrollando producciones específicamente diseñadas para este tipo de salas, con guiones y efectos visuales pensados desde su concepción para aprovechar todo el potencial de la tecnología 7D. Esto representa un cambio profundo en el lenguaje cinematográfico, donde cada escena debe involucrar no solo la vista y el oído, sino todos los sentidos humanos.
Especialistas del sector afirman que esta innovación marca un antes y un después en la evolución del espectáculo audiovisual. China no solo se posiciona como líder en tecnología de entretenimiento, sino que redefine el futuro del cine global, proponiendo un modelo que combina arte, ciencia y sensaciones reales. Para muchos, esta experiencia es un vistazo a cómo podría ser el ocio del año 2050, donde mirar una película será casi tan real como vivirla.

