China inaugura la era de los taxis voladores y acelera su “economía de baja altitud”


China dio el paso que muchos asociaban todavía con la ciencia ficción al aprobar oficialmente el uso comercial de taxis voladores autónomos, inaugurando una nueva etapa para el transporte urbano y el llamado sector de la economía de baja altitud.

La Administración de Aviación Civil de China otorgó certificados de operador aéreo a las empresas EHang Holdings y Hefei Hey Airlines para operar drones de pasajeros sin piloto, habilitados inicialmente para rutas de turismo y vuelos panorámicos en ciudades como Guangzhou y Hefei, lo que marca el comienzo de un modelo de movilidad aérea pensado para expandirse con rapidez en los próximos años.

El protagonista de esta nueva era es el modelo EH216-S de EHang, un vehículo eléctrico de despegue y aterrizaje vertical con 16 hélices, cabina para dos pasajeros y sistema de vuelo completamente autónomo, que se convirtió en el primer taxi volador del mundo con certificados de tipo, producción y aeronavegabilidad emitidos por un gran regulador.

Este eVTOL ya cuenta con autorización para producción en masa desde 2023 y fue el primero en recibir un certificado de producción para aeronaves autónomas, lo que permitió que a partir de 2024 y 2025 se desplegaran demostraciones comerciales y vuelos con pasajeros en escenarios reales, desde parques urbanos hasta zonas turísticas, reduciendo trayectos de casi una hora por carretera a pocos minutos en el aire.

Las autoridades chinas presentan estos taxis voladores como punta de lanza de una estrategia económica más amplia que busca desarrollar un mercado multimillonario vinculado a operaciones aéreas a baja altura, que incluye turismo, traslados urbanos, logística y servicios especializados. Proyecciones internas sitúan este ecosistema en torno a 1,5 billones de yuanes en la próxima década, mientras planes oficiales como la hoja de ruta de manufactura aeronáutica verde fijan objetivos claros: operaciones comerciales con eVTOL tripulados para mediados de esta década y servicios autónomos a gran escala hacia 2035, posicionando al país por delante de Estados Unidos y Europa, donde los marcos regulatorios avanzan con más cautela.

Aunque la narrativa oficial subraya el carácter histórico del hito, el despliegue de los taxis voladores se mantiene por ahora en un esquema controlado, centrado en vuelos de turismo, demostraciones comerciales y rutas cortas con fuerte supervisión de las autoridades, sin llegar todavía a un servicio masivo de “Uber del aire” sobre las grandes urbes. Los operadores deben cumplir estrictos requisitos de seguridad, mantenimiento y control del espacio aéreo, y persisten retos técnicos como la autonomía de las baterías, la gestión del tráfico en baja altitud y la aceptación pública de aeronaves sin piloto, factores que marcarán el ritmo con el que estos vehículos pasen de ser una novedad llamativa a un medio de transporte cotidiano.

Pese a las reservas, las primeras imágenes de funcionarios y ciudadanos abordando estos taxis voladores en ciudades como Guangzhou y Hefei apuntan a un cambio profundo en la manera en que China imagina la movilidad urbana y la integración entre infraestructura terrestre y aérea.

Con fondos de inversión específicos para impulsar la industria de baja altitud y gobiernos locales compitiendo por atraer proyectos de movilidad aérea avanzada, el país se coloca como laboratorio a gran escala de un modelo que podría redefinir los desplazamientos en las metrópolis del futuro y abrir una nueva competencia tecnológica global en el cielo de las ciudades.