En los últimos días se viralizó en redes una publicación que asegura que Amazon obligó a 2 mil 847 ingenieros a documentar durante ocho meses cada patrón de código, flujo de depuración y truco de optimización, para luego alimentar con esa información a un sistema de inteligencia artificial y despedirlos después. La frase que más llamó la atención fue la de un supuesto ingeniero que afirma haber “entrenado a la IA que lo dejó sin trabajo”, lo que convirtió la historia en combustible perfecto para el miedo colectivo a que la automatización termine devorando empleos calificados en el sector tecnológico.
Aunque la narrativa se difundió con fuerza en X, Facebook e Instagram, hasta el momento no existen documentos públicos, reportes regulatorios ni comunicados oficiales que confirmen un programa específico de Amazon que coincida con esos números, plazos y condiciones descritos en el post viral. Lo que sí está verificado es que la empresa ha ejecutado múltiples rondas de despidos desde 2023, incluyendo decenas de miles de puestos, y que una parte importante de los recortes ha golpeado a perfiles de ingeniería y otras posiciones bien remuneradas, en paralelo a una apuesta agresiva por la inteligencia artificial generativa y nuevas herramientas internas.
Este contexto ha alimentado la percepción de que los propios empleados están ayudando a diseñar las tecnologías que podrían volverlos prescindibles. Trabajadores de Amazon han firmado cartas abiertas advirtiendo que la compañía está empujando a usar IA “a toda costa”, con mayor presión, más trabajo y menos garantías sobre su futuro, mientras se invierte fuertemente en automatización y se anticipa que la empresa necesitará menos personal humano en los próximos años. Voces internas señalan que, más allá de la anécdota viral, el temor central es convertirse en insumo para sistemas que, eventualmente, podrían sustituir parte de sus funciones.
El caso encaja en una tendencia más amplia: en muchas grandes tecnológicas se pide a ingenieros y equipos de software que documenten procesos, construyan asistentes de código y automaticen tareas, al mismo tiempo que se recorta personal con el argumento de “ganar eficiencia”. En Amazon se han reportado problemas con código generado por IA y ajustes internos para exigir que cualquier aporte de estos modelos sea revisado por ingenieros senior, un reconocimiento implícito de que, pese a los despidos, la supervisión humana sigue siendo clave. Sin embargo, testimonios y filtraciones muestran que la compañía explora una automatización mucho más profunda de sus operaciones de oficina y software.
Más allá de si la cifra de 2 mil 847 ingenieros corresponde a un caso real o a una exageración viral, el episodio funciona como síntesis de un miedo muy concreto de la generación “adulteen” que observa estas noticias desde la universidad, los call centers o sus primeros trabajos en tecnología: la idea de que tu chamba de hoy consiste en dejar perfectamente explicado cómo funciona lo que haces, para que mañana una IA pueda hacerlo más rápido, más barato y sin reclamar prestaciones. Para una audiencia joven que busca entender qué tendencias sí le van a pegar de frente, la pregunta ya no es si la automatización viene, sino cómo prepararse para no ser el siguiente empleado que, sin saberlo, ayudó a diseñar su propio reemplazo.

