El Reino Unido dio un paso histórico al aprobar una ley que prohíbe de por vida la venta de tabaco a todas las personas nacidas a partir de 2009, con la meta de construir la primera generación libre de humo y reducir el peso del tabaquismo en su sistema de salud.
La normativa, que entrará en vigor en 2027 tras recibir la sanción real, impedirá que quienes hoy tienen 17 años o menos, y las futuras generaciones, puedan comprar legalmente cigarrillos o dispositivos de tabaco, e incluye además límites a la comercialización de vapeadores y productos con nicotina.
La discusión sobre esta ley volvió a poner bajo la lupa un tema que preocupa también en países como Guatemala: los riesgos de comenzar a fumar en la adolescencia. De acuerdo con el National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion de Estados Unidos, ese es el periodo crítico en el que se instala la adicción a la nicotina, y quienes empiezan antes de los 18 años tienen muchas más probabilidades de desarrollar una dependencia severa y seguir fumando en la adultez.
El cerebro adolescente, aún en desarrollo, es especialmente vulnerable a la nicotina, lo que facilita que la adicción se establezca rápido y que aparezcan síntomas de abstinencia como ansiedad, irritabilidad y dificultades de concentración incluso tras periodos cortos sin fumar.
La ciencia también advierte que encender el primer cigarrillo a edades tempranas deja huellas físicas que se arrastran por años. El informe del centro estadounidense citado en la nota subraya que fumar durante la adolescencia interrumpe el crecimiento óptimo de los pulmones y reduce la capacidad respiratoria máxima que se puede alcanzar en la adultez, mientras que investigaciones respaldadas por la Sociedad Respiratoria Europea y la Organización Mundial de la Salud muestran que quienes comienzan a fumar jóvenes suelen presentar tos crónica, falta de aire e infecciones respiratorias con mayor frecuencia en la adultez temprana. La exposición prolongada al humo, iniciada a edades tempranas, favorece además la aparición de lesiones en los vasos sanguíneos y eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón, EPOC y otras patologías asociadas al tabaco.
Los efectos no se quedan en el cuerpo: también alcanzan la salud mental y el entorno social de los jóvenes. La revisión citada por Infobae señala que el tabaquismo en la adolescencia se asocia con mayor riesgo de trastornos de ansiedad, depresión, problemas de conducta y consumo de otras sustancias como alcohol y cannabis, lo que agrava el impacto en la vida cotidiana y el rendimiento escolar.
Incluso quienes no fuman están expuestos: la OMS advierte que adolescentes y niños que respiran humo ajeno en casa o en espacios públicos presentan más infecciones respiratorias, crisis de asma y menor capacidad física, debido a que sus pulmones todavía están en desarrollo y son más sensibles a los tóxicos del tabaco.
El ambiente en el que crecen los adolescentes resulta determinante a la hora de encender o no un cigarro. Un estudio publicado en la revista BMC Public Health, basado en encuestas a jóvenes en Suiza, identificó factores que aumentan la probabilidad de fumar, entre ellos vivir con fumadores en el hogar, consumir alcohol o cannabis, atravesar altos niveles de estrés y no participar en actividades deportivas o musicales.
La investigación concluye que la prevención efectiva necesita intervenciones tanto individuales como comunitarias, desde fortalecer la autoestima y promover hábitos saludables hasta sumar programas educativos sobre los riesgos del tabaco en escuelas y familias.
La nueva ley británica busca responder a este escenario con un enfoque de prevención y reducción del daño que está generando atención internacional. Según explicó la patóloga pediátrica Marta Cohen, el cigarrillo causa unas 64 mil muertes al año y 400 mil enfermos anuales solo en Inglaterra, con un gasto que supera los 21 mil millones de libras en enfermedades vinculadas al tabaco, y que golpea con más fuerza a poblaciones con menos acceso a educación y servicios de salud.
Con medidas como sanciones a quienes vendan tabaco a menores, restricciones para fumar en sitios frecuentados por niños y controles más estrictos a vapeadores, el Reino Unido se propone cambiar normas sociales y avanzar hacia una generación que crezca sin nicotina, un debate que abre la puerta a que otros países revisen sus propias políticas frente al cigarro y al vapeo en la adolescencia.

