Un nuevo estudio forense independiente volvió a sacudir una de las historias más repetidas del rock: la muerte de Kurt Cobain, líder de Nirvana, podría no haber sido un suicidio, sino un homicidio cuidadosamente escenificado.
Más de tres décadas después de que el músico fuera hallado sin vida en su casa de Seattle en abril de 1994 y de que la policía cerrara el caso como suicidio por disparo con una escopeta, un equipo multidisciplinario de especialistas revisó la evidencia original y concluyó que los indicios apuntan a la intervención de terceros.
El informe, publicado en una revista especializada en ciencias forenses y elaborado por expertos independientes como el forense Brian Burnett y la investigadora Michelle Wilkins, reanaliza fotografías de la escena, el informe de autopsia y datos toxicológicos del caso Cobain. Los autores sostienen que los niveles de heroína detectados en el cuerpo del músico eran extraordinariamente altos, hasta tres veces por encima de lo habitual y muy por encima del umbral fatal, lo que haría prácticamente imposible que él mismo hubiera podido manipular una escopeta y organizar con precisión el material de drogas a su alrededor.
Según esta nueva lectura de la evidencia, Cobain habría sido previamente incapacitado mediante una sobredosis forzada de heroína, lo que explicaría signos de daño en órganos como el hígado y el cerebro asociados a una agonía prolongada y no a una muerte instantánea por disparo. El informe describe además una escena inusualmente ordenada, con jeringas tapadas, suministros acomodados y hasta recibos perfectamente colocados en su bolsillo, elementos que los especialistas señalan como más coherentes con un montaje posterior al fallecimiento que con los actos de una persona bajo los efectos letales de la droga.
El estudio también pone bajo la lupa la nota hallada junto al cuerpo, tradicionalmente difundida como carta suicida. Investigadores que han revisado el texto señalan que la mayor parte del mensaje estaría enfocada en el cansancio de Cobain respecto a la fama y al grupo, mientras que las últimas líneas, donde se interpretó una despedida de la vida, presentarían características gráficas distintas, como un trazo más grande y errático, lo que alimenta la hipótesis de una posible intervención de otra mano al final del escrito.
Pese al impacto mediático de estas conclusiones y a que el informe sugiere reclasificar oficialmente la muerte de Cobain como homicidio, las autoridades de Seattle mantienen, por ahora, su postura histórica. La policía ya había reabierto de manera limitada el caso en 2014 y, tras revisar fotos inéditas y evidencia almacenada, insistió en que no había hallazgos que contradijeran el diagnóstico de suicidio establecido en 1994; ahora, frente al nuevo reporte, fuentes oficiales han señalado que no ven razones suficientes para iniciar una investigación formal completa, aunque la presión pública y el debate en torno al legado del músico vuelven a intensificarse.

