En las últimas décadas, tres supuestas razas extraterrestres se han convertido en protagonistas recurrentes de la ufología, los foros de internet y las teorías de conspiración: los grises, los pleyadianos y los reptilianos. Estas figuras, surgidas de una mezcla de relatos de abducciones, literatura esotérica, ciencia ficción y cultura pop, no cuentan con respaldo científico alguno, pero sí con un enorme peso simbólico en el imaginario contemporáneo sobre la vida en otros mundos.
Los llamados grises son quizá la imagen más reconocible del extraterrestre moderno. Se les describe como seres humanoides de baja estatura, piel gris, cuerpos delgados y cabezas desproporcionadamente grandes, casi siempre con enormes ojos negros almendrados, rasgos faciales mínimos y ausencia de vello corporal.
En los relatos ufológicos se les vincula con abducciones nocturnas, experimentos médicos y programas de hibridación con humanos, lo que alimenta historias de apariciones en dormitorios, cirugías misteriosas y pérdidas de tiempo que algunos testigos atribuyen a encuentros cercanos. A pesar de que estas narraciones no han podido verificarse, han dado forma al arquetipo visual que Hollywood y la televisión replican una y otra vez
Frente a la imagen inquietante de los grises, los pleyadianos ocupan un lugar muy distinto dentro del mismo universo de creencias. En la ufología y corrientes de la Nueva Era se les presenta como seres avanzados procedentes del cúmulo estelar de las Pléyades, asociado desde la antigüedad con leyendas de diferentes culturas, desde la mitología griega de las siete hermanas hasta relatos nórdicos y de pueblos indígenas americanos.
En estos discursos se les atribuye una naturaleza luminosa o espiritual, un alto grado de conciencia y una supuesta misión de guiar a la humanidad hacia una etapa de mayor armonía y despertar interior, más cercana a un relato místico que a una descripción científica del cosmos.
Los reptilianos, en cambio, se han consolidado como los villanos por excelencia dentro de las teorías de conspiración. Esta narrativa describe a una raza de humanoides de aspecto reptil que serían capaces de cambiar de forma, infiltrarse en puestos de poder y manipular los asuntos del planeta desde las sombras, alimentándose metafóricamente del miedo, el caos y el odio de la población.
Bajo esta lógica, líderes políticos y figuras de la élite mundial habrían sido identificados como supuestas entidades reptilianas, un relato sin pruebas verificables que, sin embargo, ha encontrado eco en contextos de desconfianza hacia las instituciones y crisis sociales.
El contraste entre estas tres razas imaginadas revela también la función que cumplen dentro de las historias que las sostienen. Mientras los grises encarnan el temor a la experimentación y a perder el control sobre el propio cuerpo, los pleyadianos representan una promesa de rescate espiritual desde las estrellas, y los reptilianos condensan la sospecha de que el verdadero poder mundial sería ajeno, oculto y deshumanizado. No se trata solo de extraterrestres, sino de metáforas contemporáneas sobre el miedo, la esperanza y la búsqueda de sentido en un mundo tecnológicamente avanzado pero lleno de incertidumbres.
Aunque ninguna de estas razas ha sido confirmada por la ciencia y sus descripciones proceden de testimonios no verificables, literatura esotérica y contenidos de entretenimiento, su impacto cultural es innegable. Los grises, pleyadianos y reptilianos siguen multiplicándose en series, películas, videojuegos y redes sociales, alimentando un universo narrativo donde la línea entre ficción, creencia y conspiración se difumina. Allí, cada nueva historia refuerza la sensación de que, más allá de los datos y la evidencia, la humanidad necesita seguir imaginando quién podría estar observándola desde la oscuridad del espacio.

