Brad Pitt compró la casa de su vecino de 90 años y le permitió vivir gratis hasta los 105


En los años noventa, cuando Brad Pitt empezaba a consolidarse como una de las grandes figuras de Hollywood, también comenzó a construir un refugio personal en el barrio de Los Feliz, en Los Ángeles, a través de la compra de varias propiedades contiguas que con el tiempo se convertirían en una extensa finca valorada en decenas de millones de dólares.

Entre esas adquisiciones hubo un acuerdo singular: la compra de la casa de un vecino viudo, que ya superaba los 90 años, con la condición de que el hombre pudiera seguir viviendo allí el resto de su vida y sin pagar alquiler.

El propietario, identificado en varios relatos simplemente como John, había perdido a su esposa y vivía desde hacía años en una modesta casa dentro del perímetro que Pitt quería integrar a su complejo residencial en la zona. Lejos de presionarlo para que abandonara el lugar, el actor aceptó comprar la propiedad con un compromiso inusual en el mercado inmobiliario de Los Ángeles: el anciano conservaría su hogar, ahora dentro del gran terreno de la estrella, sin obligación de mudarse ni de aportar un solo centavo de renta.

Lo que inicialmente pudo parecer un acuerdo de corto plazo se transformó en una convivencia silenciosa de más de una década, porque el vecino no solo siguió adelante con su rutina diaria, sino que llegó a vivir hasta los 105 años. Fuentes cercanas a la operación han relatado que la generosidad de Pitt se mantuvo intacta durante todo ese tiempo, respetando el trato incluso cuando el actor realizaba nuevas compras y reformas en la finca, que acabó teniendo varios edificios, un amplio jardín y distintos espacios de ocio.

La historia salió a la luz años después, cuando antiguos dueños y vecinos comenzaron a contar detalles sobre cómo el actor fue ampliando su propiedad en Los Feliz al comprar unas veinte casas cercanas para conformar un gran complejo privado. En medio de esa expansión, el caso de John se convirtió en el ejemplo más llamativo de una estrategia inmobiliaria poco común en Hollywood, donde la presión por revalorizar terrenos suele imponerse sobre cualquier otro criterio

Pitt mantuvo el acuerdo sin convertirlo en un gesto público ni en campaña de imagen, algo que ha sido destacado por quienes conocían de cerca la situación, al subrayar que no hubo anuncios ni fotografías posadas alrededor de la historia. Para el actor, según estos relatos, se trató simplemente de cumplir una palabra dada a un vecino vulnerable, en un pacto entre particulares que se sostuvo incluso cuando, con el paso de los años, el valor de la finca se disparó hasta cifras cercanas a los 40 millones de dólares.

El capítulo se cerró cuando el anciano falleció, ya centenario, tras haber vivido sus últimos años en la misma casa que había vendido, pero que nunca tuvo que abandonar. Poco después, Pitt terminó por vender el histórico complejo de Los Feliz y abrir una nueva etapa residencial, pero el episodio del vecino que vivió gratis dentro de su mansión se ha consolidado como una de las historias más humanas y discretas asociadas a su nombre, en contraste con el ruido que suele rodear la vida de las estrellas de cine.