Celebridades que dejaron la fama para comenzar de cero en una carrera diferente


Para muchas celebridades, la fama parecía el destino definitivo, pero con el tiempo descubrieron que su verdadera vocación estaba lejos de los reflectores y decidieron empezar de cero en carreras completamente distintas. Algunos abandonaron Hollywood después de un solo papel icónico, mientras que otros se retiraron tras años de éxito para buscar una vida más tranquila, más estable o simplemente más coherente con sus intereses personales.

Detrás de cada decisión hay historias de desgaste, búsqueda de sentido y deseos de normalidad que hoy resuenan con un público cada vez más consciente de los costos de la exposición mediática.

Uno de los casos más llamativos es el de Peter Ostrum, el niño que dio vida a Charlie Bucket en la versión de 1971 de Willy Wonka & the Chocolate Factory y que nunca volvió a actuar. Tras recibir ofertas para seguir en el cine, decidió dar un giro radical y se formó como veterinario, alejándose por completo de las alfombras rojas para dedicarse al cuidado de animales en una vida profesional discreta y alejada de las cámaras.

Una historia similar es la de Danny Lloyd, el inquietante niño Danny Torrance de El resplandor, quien optó por abandonar el cine y hoy trabaja como profesor de biología en Estados Unidos, con una carrera académica estable y prácticamente sin apariciones públicas relacionadas con su pasado en el terror.

Entre quienes abandonaron el ritmo vertiginoso de Hollywood también destaca Cameron Diaz, otrora reina de la comedia romántica y figura recurrente en grandes producciones durante dos décadas. Después de protagonizar cintas como The Mask y There’s Something About Mary, la actriz puso freno a su carrera en 2014, cansada de los extenuantes rodajes y los constantes viajes. Su vida dio un giro hacia el emprendimiento y la escritura, enfocándose en proyectos de bienestar, en su familia y en una faceta empresarial en la industria del vino orgánico, muy lejos de la agenda frenética de los estrenos y promociones globales.

La televisión también ha visto cómo algunos de sus rostros más conocidos eligieron trabajos mucho más terrenales. Angus T. Jones, recordado como el hijo de Two and a Half Men, renunció a un salario millonario para replantearse sus creencias y su relación con la fama. Con el tiempo se incorporó a una empresa de medios fundada por el hijo de Sean “Diddy” Combs, manteniéndose en un segundo plano creativo y empresarial, lejos del personaje que lo hizo famoso en la adolescencia. En otro frente, Jennifer Stone, la entrañable Harper de Wizards of Waverly Place, cambió los sets de Disney por los pasillos de un hospital tras convertirse en enfermera registrada, incluso participando en la primera línea de atención durante la pandemia.

Algunos decidieron reconducir su popularidad hacia negocios propios. Kevin Jonas, quien saltó a la fama junto a sus hermanos en la banda Jonas Brothers, se enfocó en el sector inmobiliario y de la construcción, fundando una empresa dedicada a remodelaciones y desarrollo de viviendas, aunque todavía aparece ocasionalmente en el escenario.

Dylan Sprouse, conocido por su etapa en series infantiles, eligió un camino aún más particular: estudiar diseño de videojuegos y abrir una hidromielería en Brooklyn, donde dirige All-Wise Meadery y ha construido una nueva identidad como productor artesanal de bebidas fermentadas, casi irreconocible para quienes solo lo recuerdan de la televisión.

Estos casos forman parte de una tendencia creciente de figuras públicas que cuestionan la idea de que la fama es el punto más alto de la realización personal y profesional. Desde exestrellas infantiles que terminaron en las aulas como profesores o enfermeras, hasta protagonistas de grandes franquicias que ahora gestionan negocios familiares o marcas de bienestar, todos coinciden en la búsqueda de una vida más alineada con sus valores y necesidades cotidianas.

En un mundo hiperconectado, donde el brillo del éxito suele ser sinónimo de exposición constante, sus historias recuerdan que empezar de nuevo, aun viniendo de la cima, es posible y, para muchos, la decisión más liberadora de sus vidas.