Este mundial podría ser el más caro de la historia


El Mundial de 2026, que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México, se perfila no solo como el torneo más grande de todos los tiempos, sino también como el más caro en la historia del futbol, con estimaciones que hablan de un costo total que podría superar los 11 mil millones de dólares entre organización, infraestructura, seguridad y logística asociada al evento.

Se trata de una Copa del Mundo inédita, con 48 selecciones, 16 sedes y un calendario más largo, factores que multiplican gastos en estadios, transporte, alojamiento y servicios para millones de aficionados que se desplazarán por todo el subcontinente.

Aunque la candidatura norteamericana defendió desde el inicio que el uso de estadios ya existentes reduciría la necesidad de grandes inversiones en infraestructura, la realidad es que muchas ciudades están destinando cientos de millones de dólares a remodelaciones, adecuaciones y mejoras exigidas por la FIFA. Toronto, por ejemplo, calcula que su parte del Mundial costará alrededor de 380 millones de dólares, una cifra que se ha disparado respecto a las proyecciones iniciales y que incluye la expansión de gradas, nueva tecnología en los estadios y refuerzos en servicios de hospitalidad. A esto se suman compromisos en transporte público, aeropuertos y espacios para fan zones, que quedan a cuenta de gobiernos locales con la expectativa de recuperar la inversión vía turismo y exposición global.

La seguridad es otro de los factores que elevan la factura del Mundial hacia niveles récord, en un contexto marcado por mayores exigencias de control y prevención. Las ciudades anfitrionas deben asumir el costo de enormes operativos policiales, tecnología de vigilancia avanzada, sistemas de gestión de riesgos y refuerzos en puentes, túneles, aeropuertos y centros de transporte, mientras el gobierno de Estados Unidos ha autorizado un fondo federal de 625 millones de dólares destinado a apoyar requerimientos de seguridad específicos de la FIFA. En algunos casos, como Foxborough, las autoridades locales reclaman claridad sobre cómo financiar millones adicionales necesarios para garantizar la seguridad en las sedes sin poner en riesgo los presupuestos municipales.

Si bien el precedente inmediato de Qatar 2022 marcó un antes y un después con inversiones totales estimadas en centenares de miles de millones de dólares, gran parte de ese monto se concentró en infraestructura general del país, mientras que en 2026 el énfasis recae en una combinación de costos operativos, upgrades de estadios y logística a gran escala en tres naciones distintas. A la par, la FIFA y los organizadores proyectan ingresos récord por derechos de transmisión, patrocinios y venta de boletos, con un volumen de partidos sin precedentes que busca maximizar la rentabilidad del torneo. El resultado es un Mundial que, aun sin construir tantos recintos desde cero, podría ser el más caro de la historia en términos de gasto directo asociado al evento y de carga financiera para las ciudades sede.

Para los aficionados, este encarecimiento ya se traduce en boletos con precios elevados y en un viaje mucho más complejo y costoso, que implica traslados entre distintos países, ciudades lejanas entre sí y estadías prolongadas. Se estima que la combinación de entradas más caras, reservas de hospedaje en mercados tradicionalmente costosos y el incremento en la demanda durante el torneo hará que asistir al Mundial de 2026 sea una experiencia solo al alcance de quienes puedan afrontar un gasto considerable, consolidando así la percepción de que esta Copa del Mundo no solo será la más grande, sino también la más cara para organizadores, gobiernos y, sobre todo, para el público.