Un amplio estudio realizado en Japón sugiere que tener un perro podría estar asociado con un riesgo hasta 40 por ciento menor de desarrollar demencia en la vejez, una conclusión que abre un nuevo capítulo en el debate sobre los beneficios de la convivencia con mascotas para la salud cerebral.
La investigación, publicada en la revista científica Preventive Medicine Reports, siguió durante alrededor de cuatro años a casi 12 mil personas mayores de 65 años residentes en Tokio y comparó la evolución de quienes tenían perros, gatos o ningún tipo de mascota, controlando además factores como sexo, nivel educativo, ingresos, estado civil, enfermedades previas y hábitos de ejercicio
Los resultados mostraron que los dueños de perros presentaban una probabilidad significativamente menor de desarrollar demencia discapacitante frente a quienes nunca habían tenido perro, con un riesgo relativo cercano a 0.60, lo que se traduce en una reducción de alrededor del 40 por ciento en comparación con los no propietarios de mascotas caninas. En cambio, la tenencia de gatos no mostró un efecto protector claro sobre la aparición de demencia, con cifras prácticamente similares a las de las personas sin mascotas, lo que refuerza la hipótesis de que el impacto estaría más relacionado con el estilo de vida que implica cuidar a un perro que con la presencia de un animal de compañía en sí misma.
De acuerdo con los autores, uno de los elementos clave sería que los dueños de perros salen con más frecuencia de casa, caminan de manera habitual y mantienen mayores niveles de interacción social, dos factores que otros estudios ya han vinculado con una mejor salud cognitiva en la vejez y con una menor acumulación de proteínas anómalas en el cerebro relacionadas con la demencia. Este patrón de actividad física regular y contacto social podría tener un efecto protector indirecto, al mejorar la circulación sanguínea cerebral, estimular el crecimiento y la supervivencia de células nerviosas y reducir el aislamiento, considerado un factor de riesgo relevante para el deterioro cognitivo.
Los especialistas, sin embargo, subrayan que estos hallazgos muestran una asociación y no prueban de manera definitiva que tener un perro prevenga la demencia por sí solo, por lo que advierten que no se debe interpretar el estudio como una recomendación universal para adoptar un animal sin considerar las responsabilidades y cuidados que implica. Lo que sí ponen sobre la mesa es la posibilidad de que la promoción de estilos de vida más activos y socialmente conectados, entre ellos la tenencia responsable de perros en personas mayores con capacidad de cuidarlos, pueda incorporarse como parte de las estrategias de prevención del deterioro cognitivo en sociedades cada vez más envejecidas.
En ese contexto, la nueva evidencia se suma a investigaciones previas que ya habían observado una relación entre la actividad física, la interacción social y un enlentecimiento del deterioro cognitivo, e incluso trabajos que encontraron que los adultos mayores que conviven de forma sostenida con mascotas tienden a mostrar un mejor desempeño en pruebas de memoria y lenguaje verbal.
Para los expertos, el desafío ahora es confirmar estos resultados mediante ensayos clínicos más controlados y evaluar si intervenciones basadas en la compañía de mascotas pueden convertirse en una herramienta complementaria, accesible y de bajo costo en la lucha contra la demencia a nivel global.
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