Antes del café haz esto para aumentar tu concentración y energía todo el día


Para millones de personas, el día comienza realmente cuando toman la primera taza de café, pero cada vez más estudios advierten que correr directo a la cafetera nada más despertar podría estar saboteando la energía y la concentración que se busca obtener. La neurociencia y la endocrinología coinciden en que el cuerpo tiene sus propios mecanismos naturales de activación, y que respetarlos puede hacer que la cafeína funcione mejor y de forma más estable a lo largo de la jornada.

El primer gesto al abrir los ojos no debería ser tomar café, sino exponerse a la luz natural de la mañana, aunque sea desde la ventana, el balcón o con una breve salida al exterior. La luz del amanecer envía una señal clara al cerebro de que el día ha comenzado, regula el reloj interno y favorece la liberación de hormonas como el cortisol, que en las primeras horas actúa como un despertador biológico. Cuando se respeta este ciclo y se deja que el organismo se active por sí mismo, la sensación de alerta es más profunda y la mente se muestra más preparada para concentrarse.

Los especialistas explican que si el café se toma demasiado pronto, la cafeína se superpone a ese pico natural de cortisol y puede interferir con la arquitectura interna del despertar, lo que a medio día se traduce en bajones de energía y necesidad de otra taza. En cambio, si se espera un tiempo razonable tras levantarse, esa primera taza deja de ser un parche para el cansancio y se convierte en un refuerzo que prolonga la claridad mental y disminuye la fatiga. Algunos neurocientíficos sugieren retrasar el primer café entre 60 y 90 minutos, aunque la recomendación puede ajustarse según los horarios y la rutina de cada persona.

A este simple cambio se le pueden sumar otros gestos breves antes del primer sorbo que potencian todavía más la concentración durante el día. La hidratación inmediata con uno o dos vasos de agua ayuda a compensar la deshidratación nocturna y favorece el flujo sanguíneo al cerebro, mientras que unos minutos de movimiento suave, como estiramientos o una breve caminata, activan la circulación y elevan la sensación de alerta. Mantener el teléfono lejos durante los primeros minutos también evita que las redes sociales secuestren la atención desde temprano y permite que la mente se enfoque en las prioridades del día.

Los expertos en productividad destacan que las mañanas concentran gran parte del potencial cognitivo, por lo que dedicar ese bloque inicial a tareas que exigen enfoque profundo, y no solo a revisar mensajes, marca una diferencia real en el rendimiento. Si a esto se suma un desayuno completo, con proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos, se obtiene un suministro de energía más estable que el que ofrece únicamente la cafeína. De esta manera, cuando finalmente llega la primera taza de café, lo hace sobre un organismo ya despierto, nutrido y organizado, lo que amplifica sus efectos estimulantes.

El resultado de esta rutina es un tipo de energía menos explosiva pero más constante, con menos altibajos emocionales y menos sensación de agotamiento mental a mitad de tarde. Exponerse a la luz, hidratarse, moverse y retrasar la primera taza transforma un hábito automático en una estrategia intencional para cuidar el cerebro y aprovechar al máximo el café, en lugar de depender de él como único motor del día. Para quienes buscan concentrarse mejor en el trabajo o el estudio sin aumentar la cantidad de cafeína, el cambio no pasa por tomar más tazas, sino por lo que se hace antes de la primera.

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