El síndrome de Korsakoff es una de las consecuencias más graves del consumo crónico y excesivo de alcohol, hasta el punto de provocar una amnesia profunda que en muchos casos resulta irreversible. Se trata de un trastorno neuropsiquiátrico en el que el cerebro pierde la capacidad de fijar nuevos recuerdos y también deteriora los ya almacenados, lo que impacta de forma devastadora la vida cotidiana de quienes lo padecen.
Aunque puede tener otras causas, se asocia sobre todo a años de abuso de alcohol combinados con malnutrición y déficit de vitamina B1 o tiamina, nutriente esencial para el funcionamiento de las neuronas.
Los especialistas explican que el síndrome de Korsakoff suele ser la fase crónica de un mismo proceso que comienza con la encefalopatía de Wernicke, un cuadro agudo caracterizado por confusión, problemas de coordinación al caminar y movimientos oculares anormales debido a la misma falta de tiamina.
Si esta etapa inicial no se detecta y trata a tiempo con suplementación intensiva de vitamina B1 y abandono total del alcohol, el daño avanza y se instala el síndrome de Korsakoff, donde el deterioro de la memoria se vuelve mucho más marcado y duradero. En personas con alcoholismo y desnutrición, esta evolución puede producirse de forma silenciosa hasta que los síntomas son ya imposibles de ignorar
En la práctica, quienes desarrollan este síndrome presentan una combinación de amnesia anterógrada y retrógrada, es decir, son incapaces de recordar hechos recientes y también pierden recuerdos del pasado, aunque su lenguaje, sensibilidad y otras capacidades intelectuales pueden parecer conservadas en un primer vistazo.
Es frecuente que rellenen sus lagunas de memoria con historias inventadas que creen reales, un fenómeno conocido como confabulación, que desorienta tanto al paciente como a su entorno. A esto se suman apatía, falta de iniciativa, dificultad para orientarse en tiempo y espacio y una fuerte dependencia de otras personas para organizar la vida diaria.
El origen del problema está en el efecto combinado del alcohol sobre el organismo: por un ladodaña directamente las células del sistema nervioso y por otro compromete la absorción de nutrientes, en particular de la tiamina, al inflamar la mucosa gástrica y aumentar su eliminación por la orina. Sin suficiente vitamina B1, zonas clave del cerebro encargadas de consolidar la memoria y coordinar funciones superiores, como el tálamo y los cuerpos mamilares, empiezan a lesionarse de manera progresiva. Estas lesiones explican por qué, incluso cuando la persona deja de beber, una parte del daño ya no se puede revertir y la recuperación suele ser parcial en el mejor de los casos
En cuanto al pronóstico, algunos estudios señalan que un porcentaje de pacientes puede mostrar cierta mejoría con abstinencia total de alcohol, nutrición adecuada, tiamina y rehabilitación cognitiva, pero otro grupo mantiene déficits significativos de por vida e incluso puede empeorar si continúa bebiendo o si las lesiones cerebrales son muy extensas. La esperanza de vida puede acercarse a la normalidad solo cuando se logra cortar el consumo de alcohol y se controla el estado general de salud, pero la capacidad de vivir de manera independiente se ve gravemente comprometida en muchos casos.
Los especialistas insisten en que la mejor estrategia sigue siendo la prevención: detectar y tratar el abuso de alcohol a tiempo, asegurar una alimentación equilibrada y acudir a atención médica ante los primeros signos de confusión, olvidos intensos o cambios bruscos de conducta.
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