La respuesta del Estado frente a la violencia presenta debilidades estructurales que limitan su efectividad en distintos niveles. Francisco Quezada señala que uno de los principales problemas ha sido la falta de enfoque en la estrategia de seguridad, lo que ha impedido resultados sostenidos frente a un fenómeno que evoluciona rápidamente en el país.
“Tomó acciones muy dispersas”, afirma el investigador sobre la gestión en seguridad, al señalar que no se logró concentrar los esfuerzos en los focos más críticos. Esto permitió que la violencia vinculada a estructuras criminales, especialmente en áreas urbanas, creciera sin una contención efectiva en momentos clave.
Falta de prevención sostenida
El analista enfatiza que el problema no es únicamente de reacción ante el delito, sino también de prevención. “Es muy importante ir previniendo a la juventud para que no consuma droga”, señala, destacando que sin reducir la demanda, el mercado ilegal seguirá fortaleciéndose y generando más violencia.
Además, advierte que este descuido no es reciente. “Es el abandono reiterativo de varios gobiernos”, afirma, al explicar que durante años no se han implementado políticas consistentes para atender las causas del problema. Esta falta de continuidad ha permitido que el fenómeno crezca sin controles efectivos.
Cárceles convertidas en centros de operación
Uno de los puntos más críticos es el sistema penitenciario, donde las estructuras criminales mantienen poder. “Tienen su centro de control y de entrenamiento en las cárceles”, describe Quezada, al evidenciar cómo los reclusos continúan operando y coordinando actividades delictivas desde prisión.
Cuando el Estado intenta imponer control dentro de estos centros, la reacción no tarda en aparecer. “Generan violencia afuera para dar a conocer que tienen poder”, explica, señalando que estas acciones buscan presionar a las autoridades y demostrar que aún conservan capacidad de influencia.
Aunque reconoce algunos avances en el intento por recuperar el control del sistema, también advierte limitaciones importantes. “No han empezado a entrenar guardias”, señala, lo que evidencia la falta de personal capacitado para transformar el funcionamiento interno de las cárceles.
Sin cambios profundos en el recurso humano y en la gestión penitenciaria, agrega, será difícil romper las redes criminales que operan desde estos espacios. La corrupción y la falta de profesionalización siguen siendo obstáculos clave para lograr una reforma efectiva.
Quezada concluye que los avances actuales son insuficientes para revertir la tendencia. “El resto del tema de seguridad… se van a quedar sin mayores resultados”, afirma, al advertir que sin una estrategia integral, el país seguirá enfrentando altos niveles de violencia.
El desafío, sostiene, es implementar reformas profundas que combinen control, prevención y fortalecimiento institucional. Solo con una visión integral será posible reducir la violencia y evitar que los problemas actuales continúen trasladándose de un punto a otro del territorio.



