Reservas de maíz y frijol se agotan y Guatemala se encamina a una nueva temporada de escasez

Escrito el 08/08/2026

El déficit de lluvias y el impacto del fenómeno de El Niño amenazan con profundizar la inseguridad alimentaria en Guatemala durante los próximos meses, principalmente en comunidades rurales donde las familias dependen de sus propias cosechas y del trabajo agrícola para subsistir.

Una proyección de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF) estima que alrededor de 3.2 millones de guatemaltecos, equivalentes al 17 % de la población, podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda durante el tercer trimestre de 2026.

La cifra representa un deterioro respecto al período de abril a junio, cuando se estimó que unos 2.5 millones de personas se encontraban en esta situación.

Menos lluvia, menos reservas

Uno de los principales factores de preocupación es el impacto de la falta de lluvias sobre los cultivos de granos básicos. En varias comunidades rurales, las reservas de maíz y frijol se han reducido debido a las pérdidas de cosechas y al prolongado período de canícula.

La situación es especialmente delicada en departamentos del altiplano occidental y el Corredor Seco, donde las condiciones climáticas y económicas han reducido la capacidad de las familias para garantizar su alimentación.

Alta Verapaz figura entre los departamentos más afectados. La proyección señala que más del 28 % de su población podría encontrarse en fase de crisis de seguridad alimentaria.

Huehuetenango, Quiché, Jalapa, Jutiapa y Zacapa también se encuentran entre los departamentos que enfrentan mayores riesgos durante este período.

El problema no termina en las cosechas

La falta de lluvia no solo afecta la producción de alimentos. También puede reducir las oportunidades de empleo temporal en el campo, una de las principales fuentes de ingresos para las familias rurales.

A esto se suman los mayores costos de fertilizantes, combustibles, transporte y alimentos, factores que limitan la capacidad de los hogares para compensar la pérdida de sus propias cosechas mediante la compra de productos.

La secretaria de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), Mireya Palmieri, explicó que la proyección de la CIF busca proporcionar información para orientar las decisiones y las políticas públicas relacionadas con la seguridad alimentaria.

¿Cuándo podría mejorar el panorama?

Las autoridades proyectan una posible reducción de los niveles de inseguridad alimentaria entre octubre de 2026 y febrero de 2027.

La estimación apunta a que el número de personas afectadas podría disminuir a unos 2.6 millones, impulsado por las cosechas de fin de año, el empleo temporal en actividades como el café y la caña de azúcar, además del comportamiento de las remesas familiares.

Sin embargo, el escenario dependerá de la evolución de las condiciones climáticas y de la capacidad de las familias para recuperar sus reservas de alimentos e ingresos.

Por ahora, el déficit de lluvias vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de miles de hogares rurales ante los cambios del clima y el aumento de los costos para producir y adquirir alimentos.