Un encuentro de categoría Sub-20 en el fútbol de Brasil impuso una inédita marca mundial de sanciones disciplinarias al registrar 51 expulsados en total, luego de que una batalla campal entre futbolistas, integrantes del cuerpo técnico y dirigentes desatara el caos en el estadio Parque do Sabiá.
El bochornoso incidente ocurrió en la semifinal de vuelta de la Segunda División del Campeonato Mineiro Sub-20 entre Uberlândia y Mamoré. El detonante se dio en los minutos de adición de la segunda mitad, cuando el conjunto visitante consolidó el 1-3 mediante una anotación de Davi Bittencourt, quien celebró con gestos provocadores frente al banquillo local, desatando una violenta respuesta física con puñetazos, patadas y lanzamiento de proyectiles.
La distribución de las tarjetas rojas
La magnitud de las agresiones impidió que el árbitro central, Fernando Patrick Drosghic Modesto, mostrara las cartulinas directamente sobre el campo, por lo que las sanciones quedaron oficializadas posteriormente en el informe arbitral:
Desglose de expulsiones: De las 51 tarjetas rojas registradas, 48 fueron derivadas directamente de la riña tumultuaria y 3 ocurrieron previamente durante el desarrollo regular del compromiso.
Afectados por bando: El reporte oficial confirmó la expulsión de 43 jugadores y 8 integrantes de cuerpos técnicos de ambos clubes.
Nuevo récord superado: Esta cifra deja atrás la marca histórica que ostentaba el libro Guinness de los récords desde 2011, cuando un partido de la quinta división de Argentina entre Claypole y Victoriano Arenas concluyó con 36 expulsados.
⚽️🚨🇧🇷AQUARELA DO BRASIL… EN 51 TONOS DE ROJO. UN PARTIDO SUB-20 QUE TERMINÓ COMO UNA BATALLA CAMPAL
Brasil, la tierra del Joga Bonito, de Pelé, Garrincha, Ronaldinho, el gordo Ronaldo, Romario, Zico y tantos futbolistas que convirtieron el fútbol en una expresión artística, acaba de ofrecer una versión bastante particular de su famosa «escola de futebol»
Esta vez, la pelota quedó abandonada a un costado. El protagonismo se lo llevaron los golpes, las amenazas y los insultos.
El domingo 1 de noviembre, Uberlândia y Mamoré disputaron en el estadio Parque do Sabiá, en Minas Gerais, una semifinal de la segunda división del Campeonato Mineiro Sub-20, competición destinada a futbolistas menores de veinte años.
Mamoré ganó 3-1. Pero el resultado terminó siendo una anécdota.
El acta arbitral registró 51 expulsiones: 43 futbolistas y ocho integrantes de los cuerpos técnicos. Otros medios brasileños elevaron la cifra a 53 al incluir a dos dirigentes.
Sí, 51 tarjetas rojas. Un verdadero festival cromático.
La cifra supera las 36 expulsiones del encuentro argentino entre Claypole y Victoriano Arenas, en 2011, que figura en Guinness World Records. Aunque todavía no consta una homologación oficial del episodio brasileño como nuevo récord.
Pero el espectáculo había comenzado bastante antes de la batalla final.
En el segundo tiempo, después de una expulsión, dirigentes de Uberlândia ingresaron al campo para increpar al árbitro Fernando Patrick Modesto.
Según consta en su informe, hubo insultos y amenazas. Uno de los responsables del club, Willer Francisco Silva, llegó a expresar amenazas de muerte contra el juez.
El árbitro presentó una denuncia policial.
El encuentro permaneció interrumpido durante aproximadamente 40 minutos por aquel incidente.
Y cuando parecía que ya se había visto suficiente, llegó el tiempo añadido.
Mamoré convirtió su tercer gol y uno de sus jugadores, Davi, celebró con gestos provocadores e insultos dirigidos al banco rival.
La respuesta fue una erdadera batalla campal.
Futbolistas, suplentes y miembros de los cuerpos técnicos comenzaron a intercambiar golpes y patadas. También se arrojaron objetos, incluidas sillas y camillas.
El descontrol fue tan grande que el árbitro no pudo mostrar personalmente todas las tarjetas y debió registrar las expulsiones en el acta.
Hasta aquí, una noticia insólita que ya recorre el mundo.
Pero hay algo que me preocupa mucho más que el récord.
Estamos hablando de fútbol formativo.
Supuestamente, una etapa en la que los jóvenes aprenden a competir, respetar al adversario, controlar sus emociones y prepararse para una eventual carrera profesional.
Y ahí aparecen los adultos.
Los que deberían orientar, educar, corregir conductas y transmitir valores.
Algunos, según el informe arbitral, decidieron que amenazar al juez era una manera aceptable de defender a su institución. Otros terminaron involucrados en una pelea que seguramente no figuraba en el programa de entrenamiento.
Una clase práctica, por cierto. Aunque bastante alejada de cualquier manual de formación deportiva.
Tampoco corresponde justificar la violencia porque un futbolista celebró provocando al adversario.
La provocación puede ser sancionada. Los insultos también. Pero ninguna de esas conductas habilita a responder con golpes.
Sin embargo, hemos llegado a un punto en el fútbol en el que casi siempre aparece alguien dispuesto a encontrarle una explicación a la violencia propia.
Lo vimos en las tribunas. Lo vemos en las redes sociales. Y ahora también en una competición juvenil.
Y hay un antecedente que merece recordarse.
En marzo de este mismo año, la final del Campeonato Mineiro entre Cruzeiro y Atlético terminó con 23 expulsiones después de otra pelea generalizada.
Ocho meses después, en el fútbol Sub-20, consiguieron superar ampliamente aquella cifra.
Por lo visto, algunas enseñanzas del fútbol profesional llegan a las categorías juveniles con una eficacia extraordinaria.
Pero aquí la cuestión no debería terminar con una interminable lista de sanciones.
Corresponde examinar también la responsabilidad de los clubes, sus dirigentes y las personas encargadas de la formación de estos jóvenes.
Un entrenador no transmite valores solamente cuando habla en el vestuario. También lo hace cuando pierde, cuando recibe una provocación y cuando debe decidir cómo reaccionar.
Y los muchachos observan.
Observan mucho más de lo que algunos adultos parecen comprender.
Si el objetivo del fútbol Sub-20 es preparar jugadores para el profesionalismo, alguien debería explicar por qué estamos empezando por enseñarles lo peor del espectáculo.
Brasil nos regaló durante décadas una Aquarela do Brasil llena de talento, alegría y fútbol.
Esta vez la pintaron de rojo.
Y lo más preocupante no es que los alumnos terminaran a los golpes. Es que algunos de los supuestos maestros también estaban participando.
🔎 En la Lupa
#FutbolBrasileño #MinasGerais #FutbolJuvenil #Uberlandia #Mamore #ViolenciaEnElFutbol #EnLaLupa
Vídeo: Bola e Batom / YouTube
— Gonzalo Russo (@gonzalorusso) November 4, 2026
Amenazas de muerte y dilema para la vuelta
El ambiente ya se encontraba caldeado desde antes de la pelea, debido a que el juego estuvo paralizado cerca de 40 minutos por invasión de cancha de directivos de Uberlândia. Tras finalizar las hostilidades, el colegiado acudió ante las autoridades policiales para denunciar amenazas directas e insultos, incluyendo una amenaza de muerte proferida por un dirigente del conjunto local.
En el aspecto deportivo, Mamoré aseguró la ventaja en la serie para el duelo programado este domingo en Patos de Minas; sin embargo, la realización del choque se mantiene en suspenso a la espera del fallo de la Federación Mineira de Fútbol y los tribunales disciplinarios, debido a que ninguno de los dos clubes cuenta con el mínimo de siete jugadores habilitados para disputarlo.
El mundo del futbol ha tenido días tristes, ahora esto:
Vamos con un nuevo récord
El partido entre el Uberlândia Esporte Clube y el Mamoré, disputado el 1 de noviembre de 2026 en el Estadio Parque do Sabiá (partido de ida de las semifinales del Campeonato de
( SIGUE ) https://t.co/qOx5CehJhZ
— Carlos Terán (@CarlosTeran) November 4, 2026
A partida entre Uberlândia e Mamoré, que terminou com 51 expulsões após uma pancadaria generalizada, teve mais um capítulo fora das quatro linhas. Imagens cedidas à reportagem de O TEMPO Sports mostram o cenário de destruição no Estádio Parque do Sabiá, em Uberlândia, após o confronto de ida da semifinal do Campeonato Mineiro Sub-20 da Segunda Divisão, disputado no último domingo (1º/11).
Além dos episódios de violência registrados dentro de campo, a confusão entre Uberlândia e Mamoré também mobilizou a Polícia Militar de Minas Gerais (PMMG), acionada após relatos de danos materiais no Estádio Parque do Sabiá. Segundo a corporação, o gestor do estádio compareceu à sede do 17º Batalhão, em Uberlândia, para comunicar os estragos nas instalações, que foram registrados em boletim de ocorrência.
— O TEMPO (@otempo) November 4, 2026

