El crecimiento del narcomenudeo en Guatemala ha transformado la dinámica de la violencia. Para Francisco Quezada, investigador del CIEN, el problema no es nuevo, pero sí más visible y letal. “Este negocio empezó a crecer”, afirma, señalando que el aumento del consumo ha impulsado la expansión de estructuras criminales.
El experto destaca que hace una década este fenómeno era marginal. “Era bastante discreta esa operación”, recuerda, pero ahora se ha convertido en un factor central de violencia, especialmente en áreas urbanas.
Más demanda, más violencia
El incremento del consumo es clave. “Cuando hay demanda de droga, hay demanda de quién la vende”, explica Quezada, subrayando que el mercado ilícito se fortalece con el aumento de consumidores.
Esto obliga a los grupos criminales a operar en zonas densamente pobladas. “Necesitan estar en centros urbanos”, señala, mencionando lugares como el departamento de Guatemala y Escuintla como focos principales.
Rivalidades que escalan
El crecimiento del negocio también ha traído conflictos. “Empezaron con las rivalidades”, indica, lo que deriva en enfrentamientos violentos por control territorial y de mercados.
Aunque las fuerzas de seguridad han logrado intervenir en algunos casos, el efecto es temporal. “Lograron contener este fenómeno… pero es solo un tema provisional”, advierte.
Los criminales adaptan sus estrategias rápidamente. “Saben que cuando hay mucha presencia de la fuerza… se van a ir a otro incidente”, explica, describiendo un desplazamiento constante de la actividad delictiva.
Finalmente, Quezada subraya que la falta de control integral permite que el problema persista. Sin atacar tanto la oferta como la demanda, el ciclo de violencia ligado al narcomenudeo seguirá reproduciéndose en las ciudades.



